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¡Quien Noce a Dios!

17 sept
3 min de lectura

Romanos 11: 33––¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!


Las palabras del apóstol Pablo en Romanos 11:33-36 nos proveen tal consuelo de amor y gozo que nos ayudan a comprender que el ministerio lo más importante es nuestra devoción por Dios, nuestra entrega a la voluntad de Dios y nuestra dedicación para llevar a cobo su plan en las misiones. El apóstol Pablo comienza con una aseveración importante: «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (v33). Pablo entiende que conocer la sabiduría, bondad y ciencia de Dios es más que solo congregarnos los domingos. Es vivir el cristianismo en nosotros. Este se puede decir que es un himno de adoración a Dios. Pablo esta anonadado por la grandeza y magnificencia de Dios. Entre más vemos la grandeza de Dios, más pequeños nos vemos a nosotros mismos y el resultado es adoración al santo Dios. ¡Oh, que amigo nos es Cristo! Ya que Él, el Cristo que procede del Padre, conoce las profundidades de Dios y nos permite a nosotros conocer esas profundidades de la deidad según su revelación.

Así, Pablo nos dice que, la sabiduría de Dios es rica. ¿Cómo? ¿Por qué? Y ¿para qué? Se entiende que la sabiduría de Dios es esa capacidad para tomar las decisiones correctas en el momento adecuado. Dios usa los mejores métodos (sabiduría), para lograr los fines adecuados para su plan, porque estos glorifican su ser. Dios no obra por impulso, sino por sabiduría y esta es la aplicación del conocimiento. Por esos Pablo dice que «la ciencia de Dios» –conocimiento de Dios– es la capacidad de saberlo todo, sin pasar un proceso de aprendizaje. Dios conoce las profundidades de la vida y de todo sin aprender nada. Este conocimiento es la capacidad perspicaz de conocer la esencia de las cosas: las personas, la vida, las ideas; se entiende mejor el conocimiento de Dios cuando se comprende el atributo de omnisciencia de Dios.  

 Pablo cierra el (v3) con las palabras: «¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!». ¡Oh, que grande es nuestro Dios! Cuando comprendemos la grandeza de Dios, exclamamos como Job: «De oídas te había oído» (Job. 42:5). Pablo declara que los juicios, decretos y las disposiciones de Dios– son justas y verdaderas. Sin embargo, no podemos dejar de lado las decisiones, estas son soberanas, inmutables e inmarcesibles. Pero enfoquemos nuestra atención en las disposiciones de Dios, esta describe el amor, la justicia, santidad, gracia y fidelidad de Dios. En el contexto en el que Pablo escribe el (v33), se refieren a la capacidad de Dios de mantenerse firme en su propósito eterno de juicio y gracia. El plan de redención goza de dos partes importantes, la salvación del pueblo del pacto y la justicia de Dios para aquellos que en su soberano plan Dios deja en su pecado para que se pierdan. Es por eso que Pablo cierra con la frase: «sus caminos son inescrutables». ¿Quién conoce la mente de Dios? Ninguna criatura conoce a plenitud cómo Dios piensa y actúa. Como humanos, no podemos seguir el rastro exacto de los medios que Dios designa para llevar a cabo sus justos juicios, es decir, sus perfectas decisiones. No podemos. Dios es imposible de conocer. Lo que sabemos de Él es lo que Él ha revelado de sí mismo.  

Ore a Dios pidiendo ayuda para que su plan de lleve a cabo en usted con fe y gracia.       

 
 
 

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